abono

19-Octubre-2018

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20:00

CONCIERTO Nº 01 ABONO I - ROMÁNTIC-O-CTUBRE

P. I. Tchaikovsky - Concierto para violín y orquesta Op. 35 en Re Mayor
Solista: Liviu Prunaru
A. Dvorák - Sinfonía No. 9 Op. 95 en mi menor “Del Nuevo Mundo”
Director Titular: Mihnea Ignat

 

Liviu Prunaru ocupa desde septiembre de 2006 el cargo de Concertino de la Royal Concertgebouw Orchestra de Amsterdam (RCO), la agrupación orquestal que en los últimos años ha sido declarada en varias ocasiones la mejor orquesta del mundo por la prestigiosa revista británica de especialidad Gramophone. Discípulo de Alberto Lysy y Dorothy DeLay, Liviu Prunaru es laureado en los concursos de violín más importantes del mundo: Reina Elisabeth, Indianapolis o Julliard Mendelssohn, entre otros. Ha actuado como solista con orquestas como la RCO, la London Symphony o la Royal Philharmonic de Londres, entre otras. Dedicado al famoso violinista y pedagogo del violín Leopold Auer, el Concierto para violín y orquesta Op. 35 en Re Mayor de P. I. Tchaikovsky es una de la obras más emblemáticas del romanticismo musical. Finalmente, Auer rechazó estrenar el concierto por “intocable” aunque lo tocaría más tarde. La gran dificultad técnica del mismo requiere de un dominio absoluto de los recursos del instrumento para poder extraer y transmitir la inmensa paleta de colores y sentimientos del puro alma rusa de esta obra. Sin duda alguna, Liviu Prunaru con su precioso violín Stradivarius “Pachoud” (1694) nos hará disfrutar de cada nota de este maravilloso concierto. Es sumamente difícil encontrar una “pareja” musical para el Concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky…Quizás una de las últimas sinfonías del mismo compositor…Sin embargo, el Director Titular de la OSCE, Mihnea Ignat quería presentar en la apertura del XXX Aniversario OSCE más que un solo compositor del romanticismo musical. Este corriente estético no se puede entender sin la música de A. Dvorák, una de las figuras claves de ese periodo de la historia de la música. Amigo del mismo Tchaikovsky, el compositor checo encuentra su propio camino musical y su más celebre sinfonía, la “Del Nuevo Mundo” la escribe durante su estancia en EE.UU. dónde trabajó como director del Conservatorio de Nueva York. Aunque siempre nos quedará en la memoria la exquisita belleza de la melodía “americana” que lanza al cielo el corno inglés en el segundo movimiento de la sinfonía, la obra está más bien llena de una contenida nostalgia por la añorada tierra natal de Dvorák.